ESCUELA DE ORACIÓN DE JUAN PABLO II: PERMITID QUE EL ESPIRITU SANTO OS CONDUZCA

Nuestras comunidades cristianas tienen que llegar a ser auténticas «escuelas de oración» (Juan Pablo II)

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

“En seguida el Espíritu lo llevó al desierto, donde estuvo cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivía entre las fieras, y los ángeles lo servían” (Mc 1, 12‑13).

La Palabra de Dios nos dice que el Espíritu Santo empujó a Jesús al desierto. Este hecho ocurrió despues del bautismo en el Jordán, cuando el Espíritu descendió sobre Jesús en forma de paloma. En otros textos de la Biblia leemos que el hombre es conducido por el Espíritu Santo. San Pablo escribe: “en efecto, todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios” (Rm 8,14). Así pues, ser guiados por El es un aspecto importante del ser hijos de Dios.

Mediante la oración aprendemos a reconocer el Espíritu Santo en nuestra vida. El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda: “Nadie puede decir: ‘Jesús es Señor’ sino por influjo del Espíritu Santo” (1 Cor 12,3). El Espíritu Santo es el Maestro interior de la oración cristiana. Es el artífice de la tradición viva de la oración. Ciertamente hay tantos caminos en la oración como orantes,  pero es el mismo Espíritu el que actúa en todos y con todos. En la comunión en el Espíritu Santo la oración cristiana es oración en la Iglesia (CCC 2670. 2672).

 

Reflexión sobre las enseñanzas y sobre la vida del Papa

«El evangelista san Lucas refiere que, en el momento del bautismo en el Jordán, “cuando Jesús estaba en oración, se abrió el cielo, y bajó sobre él el Espíritu Santo” (Lc 3, 21-22). El Espíritu acompaña así la experiencia más íntima de Jesús, su filiación divina, que lo impulsa a dirigirse a Dios Padre llamándolo Abbá (Mc 14, 36), con una confianza singular, que nunca se aplica a ningún otro judío al dirigirse al Altísimo. Precisamente a través del don del Espíritu, Jesús hará participar a los creyentes en su comunión filial y en su intimidad con el Padre. Como nos asegura san Pablo, el Espíritu Santo nos hace gritar a Dios: ¡Abbá, Padre! (Rm 8, 15; cf. Ga 4, 6). Esta vida filial es el gran don que recibimos en el bautismo. Debemos redescubrirla y cultivarla continuamente, con docilidad a la obra que el Espíritu Santo realiza en nosotros» (de la Audiencia general, 3 junio 1998).

«El Espíritu Santo es el don, que viene al corazón del hombre junto con la oración. En ella se manifiesta ante todo y sobre todo como el don que «viene en auxilio de nuestra debilidad». Es el rico pensamiento desarrollado por San Pablo en la Carta a los Romanos cuando escribe: “Nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el mismo Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables” (Rm 8, 26).  Por consiguiente, el Espíritu Santo no sólo hace que oremos, sino que nos guía «interiormente» en la oración, supliendo nuestra insuficiencia y remediando nuestra incapacidad de orar. Está presente en nuestra oración y le da una dimensión divina. La oración por obra del Espíritu Santo llega a ser la expresión cada vez más madura del hombre nuevo, que por medio de ella participa de la vida divina» (De la Enciclica Dominum et vivificantem).

«Tal como hizo una vez mi padre que, al colocar en mi mano un libro, me mostró la oración para obtener los dones del Espíritu Santo – así yo, a quien vosotros también llamais “padre”, quiero orar con los jóvenes de Varsovia y de toda Polonia pidiendo el don de sabiduria, el don del entendimiento,  el don de ciencia, el don de consejo, el don de fortaleza, el don de piedad  o sea el  reconocimiento del valor sagrado de la vida, de la dignidad del hombre, de la sacralidad del alma y del cuerpo humanos, en fin el don del temor de Dios, del que dice el Salmista que es el inicio de la sabiduría (cfr. Sal, 110) aprended de mi esta oración, que me enseñó mi padre y permaneced fieles» (Del Discurso a los jóvenes, Varsovia, 3 de junio de 1979).

«Este es un Wojtyla,  quien, al encontrarse con problemas difíciles en su diócesis,  toma su auto y se dirige a la tumba de su bendito predecesor, Wincenty Kadłubek. No es una visita oficial como obispo, sino más bien la visita de un hombre que va a orar. Es un hombre que ora en Kalwaria y allí, solo, en la nieve, hace el Via Crucis, quien alejado de la curia, recita en recogimiento el breviario. Este hombre vive de la oración. Es necesario recordar cuando leemos sus documentos pontificios que todo aquello que él escribe es resultado de su profunda amistad con Dios y de la realidad de esta experiencia» (Testimonio: A. Boniecki, Noticias KAI 40/2003).

«La lucha con Satanás, iniciada en el desierto, prosigue durante toda la vida de Jesús. Una de sus actividades típicas es precisamente la de exorcista, por la que la gente grita admirada: “Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen” (Mc 1, 27). Quien osa afirmar que Jesús recibe este poder del mismo diablo blasfema contra el Espíritu Santo (cf. Mc 3, 22-30), pues Jesús expulsa a los demonios precisamente “por el Espíritu de Dios” (Mt 12, 28). Como afirma san Basilio de Cesarea, con Jesús “el diablo perdió su poder en presencia del Espíritu Santo”» (De la Audiencia general, 3 de junio de 1998).

Otros textos de las Sagradas Escrituras  Jn 7, 37-39; Rm 8, 14-17; Rm 8, 26-27; 1 Cor 12, 3

ORACIÓN

La segunda parte del encuentro es la oración. De modo particular, se aconseja utilizar las formas de oración practicadas por el Santo Padre Juan Pablo II, como la adoración al Santísimo Sacramento, la Liturgia de las Horas, el rosario, la coronilla a la Divina Misericordia o alguna otra oración. Podrán ser utilizados también los siguientes textos:

 

Del tesoro de oraciones de Juan Pablo II

¡Ven, Santo Espíritu de amor y de paz!  Espíritu de verdad, que conoces las profundidades de Dios, memoria y profecía de la Iglesia, dirige la humanidad para que reconozca en Jesús de Nazaret al Señor de la Gloria, al Salvador del mundo, la culmen de la historia. Espíritu de santidad, aliento divino que mueve el universo, ven y renueva la faz de la tierra. Espíritu de consuelo … da a los enfermos el aliento necesario, infunde confianza y esperanza … A ti, Espíritu de amor, junto con el Padre omnipotente y el Hijo unigénito, alabanza, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén (Fragmento de la oración para el Segundo año de preparación al Gran Jubileo del 2000).

La oración del Padrenuestro

Jesús, en cada uno de sus misterios, nos lleva siempre al Padre, al cual Él se dirige continuamente, porque descansa en su ‘seno’ (cf Jn 1, 18). Él nos quiere introducir en la intimidad del Padre para que digamos con Él: ¡Abbá, Padre! (Rm 8, 15; Ga 4, 6). En esta relación con el Padre nos hace hermanos suyos y entre nosotros, comunicándonos el Espíritu, que es a la vez suyo y del Padre. (RVM, 32). Llenos del Espíritu Santo oremos a nuestro Padre en el cielo: Padre nuestro.

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