HISTORIA DE KAROL – CAPÍTULO 01

Era el 18 de mayo de 1920 […]. Polonia, después de vivir en esclavitud durante más de un siglo, acababa de reconquistar su libertad […]. En aquellas mismas horas, en Wadowice, como seguramente sucedería en muchas otras ciudades de Polonia, iba a nacer un niño. Y en una casa – la de los señores Wojtyła – que además daba por un lado a la iglesia.

En el momento de los dolores del parto – entonces era habitual dar a luz en casa – la mamá, Emilia, al oír los cantos de la función mariana, pidió a la comadrona que abriera la ventana de par en par. Y dió a luz a Karol Jozef: Karol, el mismo nombre del padre; y Jozef como Francisco José, el emperador de Austria-Hungría, en cuyo ejército el señor Wojtyła, “el señor Capitán”, había militado […].

Los Wojtyła vivían en una casa modesta pero digna, en el número 2 de la calle Koscielna; el edificio era de propiedad del señor Balamuth, un hebreo que tenía un comercio de bicicletas y motocicletas en la plaza. Desde el patio se subía por una escalera de hierro al primer piso donde había una galería, y en la entrada tenían una pequeña pila de agua bendita de loza; después la cocina, el dormitorio y la sala de estar. Muchos libros, y, en las paredes, fotografías e imágenes sagradas. La señora Emilia tenía todo en orden. Una mujer pequeña pero hermosa, con profundos ojos negros, muy vivos e irónicos. A pesar de tener una salud precaria, había retomado su antiguo oficio de bordadora, para redondear los ingresos. […].

Karol vino a la luz en este ambiente sereno, tranquilo, impregnado de religiosidad y de patriotismo. […]. Llegó después aquel triste día. Karol volvió de la escuela, y una vecina de casa lo abrazó susurrándole: “Tu madre se ha ido al cielo”. El la miró con más sorpresa que dolor, como si le estuviese hablando de otra madre, no de la suya. En los últimos tiempos la había visto poco, pues estaba enferma. Pero no se lo creía, no quería creer que se hubiese ido para siempre. No tenía aún nueve años. Su “ausencia” la sentirá sólo mucho más tarde, y entonces empezará a hablar de su madre ….».

Gian Franco Svidercoschi, Storia di Karol, Ed. Ancora, 2002.

 

 

Deja un comentario