La Madre Teresa y Juan Pablo II

La beata M. Teresa de Calcuta ha testimoniado a todos esta “ternura”. Lo confirma, en esta entrevista, sor Nirmala Maria, íntima colaboradora suya en los últimos años de su vida, “herencia viva” de su amor.

¿Quién era la Madre Teresa?

Citando a M. Teresa: “Soy albanesa de sangre, pero ciudadana indú. En cuanto a la fe, soy una religiosa católica. Por mi vocación, pertenezco a todo el mundo; pero por lo que se refiere a mi corazón, pertenezco enteramente al Corazón de Jesús”. Fundadora de las Misioneras de la Caridad, totalmente consagrada a Dios, vivía una fe que le permitía ver a Jesús en cada persona. Llevaba a todos el amor de Dios, tanto que quien trataba con ella podía experimentar la presencia de Dios, a través del amor descubrir una nueva dignidad y ser mejor. Su vida ha sido una vida apostólica, de profunda oración, humilde, llena de compasión y fuerza, porque buscó sólo cumplir no su voluntad, sino la de Dios.

 

¿Cuáles son los pasajes del Evangelio que expresan mejor vuestro carisma?

El Evangelio de san Juan (19, 25-30), dónde Jesús dice: “Tengo sed”. No sed de agua, sino de amor y de almas. Esto se comprende claramente leyendo el Evangelio de la samaritana. El segundo pasaje está tomado del Evangelio de san Mateo (25, 31- 46): “Lo que hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”.

 

¿Qué significaba para la M. Teresa ser mujer, madre, religiosa y misionera?

Significaba irradiar la sencillez, la humildad, la generosidad, la fidelidad y la fecundidad de María, que fue rapidamente a llevar a Jesús a los demás, y permanecer con fuerza y compasión en el Calvario de este mundo, ofreciendo el servicio a Jesús que sufre come Ella en el Calvario.

 

¿Qué relación tenía la M. Teresa con sus hijas, las misioneras de la Caridad ?

Era una madre atenta. Cuando una hermana llegaba de lejos, se preocupaba que comiese, a veces era ella misma quien iba a la cocina a prepararle algo. La he visto también dejar su propia cama a quien estaba inferma. Cuando una hermana se encontraba en dificultad, la llamaba a la Casa Madre para estar cerca de ella y asegurarle la ayuda necesaria. La Madre solía decir: “Dios ha amado tanto al mundo que le ha dado a su Hijo Único”  añadiendo: “El ha amado tanto a los pobres que les ha enviado a las Misioneras de la Caridad. La caridad no es sólo amor humano, sino amor desinteresado, que participa al don de Dios hacia cada persona, un amor que todos son capaces de entender”.

Nosotras no somos, por tanto, asistentes sociales, pues nuestro apostolado es el fruto de nuestra unión con Cristo. Somos contemplativas en la acción. Nuestra obra es el medio con el que realizamos nuestro amor por Cristo.

 

Ustedes hacen cuatro votos: castidad, pobreza, obediencia y servicio gratis y de todo corazón a los más Pobres de entre los Pobres. ¿Cómo explicaba la M. Teresa la necesidad de los votos?

Estos cuatro votos – explicaba la Madre – nos permiten amar a Jesús con corazón indiviso en castidad, con la libertad de la pobreza, en el abbandono total a la obediencia y en el servicio gratis y de todo corazón a El, desfigurado en los más pobres de los pobres. Es así como realizamos nuestro fin: saciar la infinita sed de amor y de almas de Jesucristo en la Cruz.

 

¿Puede explicar cómo entendía la pobreza la M. Teresa?

En su relación con Dios, era la humilde conciencia y aceptación de nuestro pecado, el reconocerse necesitada de El, la disponibilidad para recibirlo todo de El. La pobreza tenía que ser la misma de Jesús crucificado, expropiado de si y de todo por nosotros, aquella auténticamente evangélica que se comunica también con la humildad, la amabilidad en la mirada, en la sonrisa y en el calor del saludo.

 

¿Qué suscitaba en el corazón de las personas el encuentro con la Madre?

Las personas que se encontraban con ella, experimentando su bondad, la cercanía a Dios y la humildad, se convertían en mejores. He visto hombres importantes conmoverse hasta llorar en su presencia; a otros, ofrecer generosamente su ayuda material y económica; a muchos cambiar estilo de vida y ponerse al servicio de los pobres; algunos han decidido ser colaboradores de por vida.

 

¿Puede contarnos algo de la amistad entre la M. Teresa y Juan Pablo II?

Su unión con Juan Pablo II se expresaba en el celo y en el profundo respeto con que intentaba escuchar y responder a la voluntad de Dios a través de sus consejos, obedeciendo a las peticiones y aceptando las misiones que él le confiaba. Entre los dos existía una profunda comunión espiritual que se manifestaba en una amistad afectuosa, basada en la íntima unión con Dios y en el servicio a Sus hijos.

 

El 19 de octubre de 2003 Juan Pablo II la proclamó beata. Esperamos ahora su canonización: ¿qué significaba para la Madre ser santos?

Permitir a Jesús vivir su Vida en ella; dar lo que Dios toma y recibir lo que El dona, con una amplia sonrisa. Enseñaba el secreto de la santidad sirviéndose de los cinco dedos de la mano. Sobre cada dedo de una mano escribía : “quiero, deseo, con la gracia de Dios, ser, santo; y sobre los de la otra mano: lo, habéis, hecho, a, mi. Unid las manos y seréis santos. La santidad depende de nuestro deseo, de nuestra determinación, y de la absoluta confianza en la gracia de Dios”.

 

¿Cuál fue la relación entre la M. Teresa y los jóvenes?

La M. Teresa se encontraba muy a gusto con los jóvenes, y estos con ella. Muchísimos de ellos venían de todas las partes del mundo para hacer voluntariado. Les animaba a profundizar en la fe y a participar en los momentos de oración con las hermanas. Les ayudaba a descubrir pobres en sus familias y en el vecindario. Era también capaz de discernir quién tenía vocación religiosa, animándolo a “Venid a ver”. Decía con una sonrisa amistosa: “Ven a ver y quédate”.

 

¿Cuál fue la cooperación de la M. Teresa al diálogo interreligioso?

Su amor a Dios y a sus hermanos era el origen y el centro del diálogo interreligioso. Su mensaje era este: “Si eres musulmán, sé un buen musulmán, si eres indú, sé un buen indú, etc”. En 1975 fue emocionante su deseo de pedir a los miembros de las diferentes confesiones religiosas que se unieran a ella en la acción de gracias por el 25 aniversario de la Congregación, que se celebraba ese mismo año. Para ello iba a rezar también en sus lugares de culto. Para el 50 aniversario, cuando ya estaba enferma, fueron a rezar con la Madre muchísimas personas en señal de agradecimiento. Desde que murió, el 10 de septiembre de cada año tenemos momentos de oración interreligioso ante su tumba.

 

Sor Nirmala Maria, Usted ha estado cerca de la M. Teresa en los últimos años de su vida, ¿puede contarnos como se preparó a la muerte?

Hablaba siempre de la muerte como de la vuelta a la casa de Dios Padre. Nunca noté en ella miedo a la muerte. Murió así como había vivido: trabajando por Dios hasta el último momento. Amaba la vida y era consciente del valor de cada momento para amar y ser amados, y para “conquistar” almas para Dios.

 

Estamos en el mes mariano, ¿puede decirnos algo de la devoción de la M. Teresa por María, Madre nuestra?

La M. Teresa afirmaba que la Congregación ha nacido por intercesión de la Virgen y que, por lo tanto, es suya: nuestro deber es rezar para que la Congregación pueda ser lo que Ella ha deseado en su Corazón Inmaculado desde el inicio y que ha querido dentro de la Iglesia. María ha sido la primera Misionera de la Caridad: portadora del amor de Dios. Todas nosotras estamos consagradas a su Corazón Inmaculado. La Madre nos recordaba: “Recurrid a Ella para obtener ayuda cuando la obra en bien de las almas es ardua. Ella nos obtendrá la fuerza de abrir a Jesús los corazones que están aún cerrados”.

 

¿Cuál es la herencia de la M. Teresa?

Ante todo ha dejado un ejemplo de cómo ser santos. Ha sido un modelo vivo de Esposa de Jesús crucificado, una auténtica Misionera de la Caridad. Todo nos ha sido transmitido a través de nuestra Regla y de las Constituciones, de sus enseñanzas, escritos, a través del testimonio de quien ha vivido con ella y de quien la ha conocido. Mucho se ha escrito sobre ella, como está documentado en la Postulación. La Madre y su mensaje tienen que descubrirse aún con más profundidad. Su herencia es un tesoro al que acudir en los años venideros.

Domitia Caramazza

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