Canto del Dios escondido

Medito a menudo en aquel día de luz
que será todo estupor
por Tu sencillez,
que tiene en mano el mundo
y cuanto en él perdura, intacto
hasta ahora
– y más allá.

Y entonces el simple mandato se convierte en creciente nostalgia
de aquel día,
en que todo envolverá en su sencillez infinita
y en un soplo amoroso.

Juan Pablo II
Canto del Dios escondido.

MADRE

I)

4. Concentración madura

“Las madres saben los instantes en los que el misterio
humano
despierta un reflejo de la luz en sus pupilas,
que prece tocar el corazón con la mirada apenas.

Sé de estas lucecitas que pasaron
sin despertar ningún eco
y duran lo que dura un pensamiento.

Hijo mío, complicado y grande, hijo sencillo,
conmigo te acostumbraste a pensamientos comunes a
todos los hombres
y, a la sombra de estas ideas, esperas la profunda voz
del corazón
que en cada persona suena de manera distinta.
Yo soy la madre absoluta
y esta plenitud nunca me cansará.

Cuando eres presa de un instante como éste,
no sientes cambio alguno, todo lo mío te aparece
sencillo.
Ya sabes, cuando las madres captan en los ojos de sus hijos
el hondo latido del corazón,
también estoy allí, recogida en su misterio

II)

1. La imploración de Juan

¡Oh Madre! no detengas el ritmo del corazón
que sube a tu miradad;
no cambies en nada este sentimiento,
en tus manos trasparentes has de traerme
la misma oleada.

Es Él quien te lo pide.

Soy Juan, el pescador, merezco poco que
se enamoren de mi.
Todavía lo recuerdo a orillas del lago,
cuando de repente, El.
No podrás recoger este misterio en mi,
pero dulcemente yo estaré en tus pensamientos,
como una hoja de mirto.

Que pueda decirte Madre, como Él lo quiso;
te ruego que no toques en nada esa palabra;
en verdad no es fácil medir su hondura,
cuyo sentido para ambos fue inspirada por El,
para que en El encuentre cobijo todo nuestro amor
ancestral.

2. El espacio que permanece en ti

Con frecuencia vuelvo al espacio
que tu Hijo, tu único Hijo ocupa.
Mis ideas se ajusntan a su forma,
pero qudan vacíos mis los ojos
y cuelgan de sus labios las palabras de siempre,
las mismas tras las que se ocultaba
cuando deseaba quedarse entre nosotros.

¿Es posible que estas mismas palabras
contengan el espacio mejor que la mirada?
¿Mejor que la memoria y el corazón?
¡Oh Madre!, de nuevo puedes hacerlo tuyo.

Inclínate junto conmigo y acecpta.
Tu Hijo tiene sabor a pan,
pan de una sustancia eterna.

¿Dónde está este espacio: en el murmullo de mis labios,
en los pensamientos, en la mirada, en el recuerdo,
o, tal vez, en el pan?
Se ha perdido entre tus brazos, con la cabecita
apoyada en tu hombro,
porque este espacio ha quedado en ti y de ti procede.

Nunca se ve el espacio. Nuestra unión es tan intensa,
que, cuando con dedos temblorosos partía el pan
para ofrecerlo a la Madre,
me he quedado un momento atónito,
al ver toda la verdad en una lágrima que asomaba
en tus ojos.

Karol Wojtyla

MYSTERIUM PASCHALE

Mysterium Paschale
misterio del Paso
en el que
el camino se invierte.
De la vida se pasa a la muerte –
he aquí la experiencia, la certeza.
A través de la muerte entrar en la vida –
He aquí el misterio.
Misterio – una inscripción profunda
aún no plenamente descifrada,
que existe en cada uno como presagio y no contradice a la vida
(¿no la contradice quizá más la muerte?)
Si Uno descubre la inscripción
y la descifra, convirtiéndola en realidad en si mismo,
y PASA –
entonces tocamos la huella,
recibimos el Sacramento en el que permanece
Aquel que ha pasado …
Y también nosotros, en el paso hacia la muerte,
permanecemos en el espacio del misterio.

De las Poesías de Karol Wojtyła

Magnificat

[…]

Tu eres el más estupendo, omnipotente Esculpidor de santos
– mi camino está repleto de abedules, repleto de encinas –
Mira, yo soy la tierra de los campos, soy un campo en barbecho al sol,
Mira, yo soy un joven robusto de los Tatra.

Bendigo Tu siembra en levante y en poniente –
Señor, siembra generosamente Tu tierra
para que sea un campo de centeno, una espesura de abetos
mi juventud animada por la nostalgia, por la vida.

Mi felicidad – gran misterio – Te exalta
Porque has dilatado mi corazón con un canto original
porque has permitido a mi rostro sumergirse en el azul del cielo
porque has hecho llover en mis cuerdas la melodía
y en esta melodía Te has revelado en visión – a través de Cristo
[…]

Bendito es el Esculpidor de santos, eslavo y profeta –
Ten piedad – yo canto como un publicano inspirado –
Exalta alma mia, con el canto y la humildad
a Tu Señor, con el himno: ¡Santo, Santo, Santo!

[…]
¡Libro eslavo de nostalgias! Resuena hasta los confines
como los toques de los clarines en los coros de resurrección,
con puro canto sagrado, con una poesía reverente
y con el himno del Hombre – Magnificat de Dios.

Juan Pablo II, Cracovia, primavera-verano 1939