Infancia de Karol

Así pues, Lolek, a los 12 años, se quedó solo con el padre, que fue para él un padre atento, un amigo, un confidente. Después de la elección al Papado, los vecinos de casa más ancianos contaban a los periodistas que recordaban aún a los Wojtyla – padre e hijo – caminar todos los días juntos, cogidos de la mano, mientras iban a comer a la taberna, a pocos pasos de casa, o daban un paseo. Fue el padre a enseñarle la piedad, como escribirá después en el texto autobiográfico Don y misterio: “Ocurría que a veces me despertaba por la noche y me encontraba a mi padre rezando, de rodillas”. Después de la muerte de su esposa Emilia, papá Karol llevaba a los dos hijos en peregrinación al santuario de Kalwaria Zebrzydowska, no lejos de Wadowice. Allí irá don Karol muchas veces, antes de tomar decisiones importantes. Fue también en la vigilia del Cónclave en el que fue elegido Papa.

En el otoño de 1926, cuando tenía seis años, Karol Wojtyla comenzó la escuela elemental, y en 1930 fue admitido en la escuela media Marcin Wadowita. Lolek – dirá Jerzy Kluger – era un tipo especial. El primero de la clase, en el teatro, el primero en todo. Si hubiese ido a la General Motors, habría sido su presidente.

 

Casi todas las mañanas, antes de ir a la escuela, entraba en la iglesia para la Misa que celebraba el párroco, padre Edwars Zacher, quien en 1979 lo acogió en su visita a Wadowice. Frecuentó el convento de los padres carmelitas, detrás de la plaza del mercado. Allí conoció a padre Jozef Prus, un guía estupendo. La espiritualidad carmelitana le atraía mucho. Cuando ya era sacerdote, más de una vez, siempre inutilmente, pidió al Card. Stefan Adam Sapieha el permiso para entrar en el convento.

El 4 de mayo de 1938, Lolek terminó los estudios superiores con estas notas: sobresaliente en conducta, religión, lengua y literatura polaca, latín, griego, alemán, matemáticas, filosofía y educación física; bien, en historia, física y química. En ese mismo mes recibió la Confirmación. En la ceremonia fue el encargado de saludar al Card. Sapieha, que quedó soprendido por las palabras del joven y le preguntó: – ¿Nunca has pensado en ser sacerdote? – Serena fue la respuesta de Wojtyla: – No, deseo continuar los estudios de lengua y literatura polaca en la universidad.

En el periodo del Instituto tuvo otra pasión: el teatro. Las primeras recitaciones las hizo a los 14 años: se trataba de collages de canciones, de versos poéticos, declamados en el teatro de la escuela y en el parco de Wadowice. Con la interpretación del poema filosófico Promethidi de Cyprian Norwid obtuvo el segundo premio en un concurso de declamación. Recitaba con los compañeros y compañeras de escuela, en particular con Ginka Beer y con Halina Krolikiewicz: Ginka, la amiga hebrea que huyó de Wadowice con la familia para librase del exterminio, y Halina que, convertida en actriz profesional, llegaría a ser una de las grandes intérpretes del teatro polaco.

Algunos de entre los conocidos atribuyen a Lolek una propensión particular por Ginka. “Quizá alguien habrá supuesto que si un joven con tan claras inclinaciones religiosas no entraba en el seminario, era señal de que había en juego otros amores y predilecciones. De hecho, en clase tenía las más variadas posibilidades de encontrar chicos y chicas. El problema, sin embargo, era otro. En aquel período estaba muy absorbido sobre todo por la pasión por la literatura, en particular la dramática, y por el teatro”. El actor Wojtyla era capaz de adaptarse con facilidad y rapidez a diversas funciones: a veces recitaba dos partes en la misma comedia y lo hacía con naturalidad … total, recordaba los papeles desde la primera hasta la última palabra.

En el verano de sus 18 años, no solo consiguió el diploma de bachillerato, sino que su vida experimentó un cambio …

 

Luigi Accattoli, “Giovanni Paolo”, (Ed. San Paolo, 2006)