ESCUELA DE ORACIÓN: La vocación

“Nuestras comunidades cristianas tienen que ser auténticas escuelas de oración”

(Juan Pablo II)

Toda vocación está vinculada a la oración. Gracias a esa el hombre es capaz de reconocer la propia vocación y de seguirla con firmeza. La vocación es una llamada de Dios, a la que el hombre intenta responder. Para descubrir y realizar la vocación es necesaria la oración. Se trata, en efecto, de escuchar la voz de Aquel que llama por el propio nombre y de responder con la palabra y la acción. Es un diálogo, a veces una lucha, que tiene como fin la santidad.

La vocación a la santidad

“Pero el don se plasma a su vez en un compromiso que ha de dirigir toda la vida cristiana: «Ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación» (1 Ts 4,3). Es un compromiso que no afecta sólo a algunos cristianos: «Todos los cristianos, de cualquier clase o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor». Recordar esta verdad elemental, poniéndola como fundamento de la programación pastoral que nos atañe al inicio del nuevo milenio, podría parecer, en un primer momento, algo poco práctico. ¿Acaso se puede « programar » la santidad? ¿Qué puede significar esta palabra en la lógica de un plan pastoral? […] este ideal de perfección no ha de ser malentendido, como si implicase una especie de vida extraordinaria, practicable sólo por algunos «genios» de la santidad. Los caminos de la santidad son múltiples y adecuados a la vocación de cada uno. Doy gracias al Señor que me ha concedido beatificar y canonizar durante estos años a tantos cristianos y, entre ellos a muchos laicos que se han santificado en las circunstancias más ordinarias de la vida. Es el momento de proponer de nuevo a todos con convicción este « alto grado » de la vida cristiana ordinaria. La vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta dirección. Pero también es evidente que los caminos de la santidad son personales y exigen una pedagogía de la santidad verdadera y propia, que sea capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona” (NMI, 30-31).

 

La renovada necesidad de oración

“ […] se detecta una exigencia generalizada de espiritualidad, que en gran parte se manifiesta precisamente en una renovada necesidad de oración” (n. 33). En esta “necesidad de oración” se inserta nuestra petición común al Señor para que “envíe obreros a su mies”. Constato con alegría que en muchas Iglesias particulares se forman cenáculos de oración por las vocaciones. En los seminarios mayores y en las casas de formación de los institutos religiosos y misioneros se celebran encuentros con esa finalidad. Numerosas familias se convierten en pequeños “cenáculos” de oración, ayudando a los jóvenes a responder con valentía y generosidad a la llamada del Maestro divino. ¡Sí! La vocación  al  servicio  exclusivo de Cristo en su Iglesia  es  don  inestimable  de  la bondad divina, don que es preciso implorar con insistencia, confianza y humildad. El cristiano debe abrirse cada vez más  a este don, vigilando para no desaprovechar “el tiempo de la gracia” y el “tiempo de la visita” (cf. Lc 19, 44)” (Mensaje del Santo Padre para la XLI Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, 2004).

La oración, necesidad insustituible

“La celebración de la Jornada mundial quiere ser ante todo una llamada urgente a comprender el valor del mandato de Jesús: “Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies” (Mt 9, 38). No es una simple invitación, por el contrario, es una orden que desafía nuestra fe e interpela nuestra conciencia de bautizados. A nadie se le oculta que la oración, en sus múltiples formas, debe considerarse como el primero e insustituible servicio que podemos ofrecer a la gran causa de las vocaciones. Ante la enorme necesidad de sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, miembros de institutos seculares y misioneros debe surgir una gran respuesta de oración. Por eso os invito a todos vosotros, esparcidos por todo el mundo, a orar, a orar mucho, a orar continuamente por esta intención que afecta de una manera muy vital a los intereses del Reino de Dios. La Jornada mundial haga revivir en la Iglesia el clima espiritual de los primeros discípulos reunidos en el Cenáculo esperando el Espíritu Santo: “Todos éstos perseveraban unánimes en la oración con algunas mujeres, con María, la Madre de Jesús, y con los hermanos de éste” (Act 1, 14). Cada comunidad cristiana sea un nuevo cenáculo de oración por las vocaciones: la comunidad diocesana, la parroquia, las comunidades religiosas, las familias cristianas, los grupos eclesiales y cualquier otra porción del Pueblo de Dios” (Mensaje del Santo Padre para la XXI Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, 1984).

                                                Centro Juan Pablo II No tengáis miedo, en Cracovia

 

 

La oración por las vocaciones

 El Santo Padre Juan Pablo II terminaba sus mensajes para las Jornadas por las Vocaciones con una hermosa oración. He aquí el texto de la oración del año 1984:

“Oh Jesús, Buen Pastor, acoge nuestra alabanza y nuestro humilde agradecimiento por todas las vocaciones que, mediante tu Espíritu, regalas continuamente a tu Iglesia. Asiste a los obispos, presbíteros, misioneros y a todas las personas consagradas; haz que den ejemplo de vida auténticamente evangélica. Da fortaleza y perseverancia en su propósito a aquellos que se preparan al sagrado ministerio y a la vida consagrada. Multiplica los evangelizadores para anunciar tu nombre a todas las gentes. Protege a todos los jóvenes de nuestras familias y comunidades: concédeles prontitud y generosidad para seguirte. Vuelve también hoy tu mirada sobre ellos y llámalos. Concede a todos los llamados la fuerza de abandonar todo para elegirte sólo a Ti que eres el amor. Perdona la no correspondencia y las infidelidades de aquellos que has escogido.

Escucha, oh Cristo, nuestras preces por intercesión de María Santísima, Madre tuya y Reina de los Apóstoles. Ella, que por haber creído y respondido generosamente, es la causa de nuestra alegría, acompañe con su presencia y su ejemplo a aquellos que llamas al servicio total de tu reino. Amén”.