Canto del Dios escondido

Medito a menudo en aquel día de luz
que será todo estupor
por Tu sencillez,
que tiene en mano el mundo
y cuanto en él perdura, intacto
hasta ahora
– y más allá.

Y entonces el simple mandato se convierte en creciente nostalgia
de aquel día,
en que todo envolverá en su sencillez infinita
y en un soplo amoroso.

Juan Pablo II
Canto del Dios escondido.

La Madre Teresa y Juan Pablo II

La beata M. Teresa de Calcuta ha testimoniado a todos esta “ternura”. Lo confirma, en esta entrevista, sor Nirmala Maria, íntima colaboradora suya en los últimos años de su vida, “herencia viva” de su amor.

¿Quién era la Madre Teresa?

Citando a M. Teresa: “Soy albanesa de sangre, pero ciudadana indú. En cuanto a la fe, soy una religiosa católica. Por mi vocación, pertenezco a todo el mundo; pero por lo que se refiere a mi corazón, pertenezco enteramente al Corazón de Jesús”. Fundadora de las Misioneras de la Caridad, totalmente consagrada a Dios, vivía una fe que le permitía ver a Jesús en cada persona. Llevaba a todos el amor de Dios, tanto que quien trataba con ella podía experimentar la presencia de Dios, a través del amor descubrir una nueva dignidad y ser mejor. Su vida ha sido una vida apostólica, de profunda oración, humilde, llena de compasión y fuerza, porque buscó sólo cumplir no su voluntad, sino la de Dios.

 

¿Cuáles son los pasajes del Evangelio que expresan mejor vuestro carisma?

El Evangelio de san Juan (19, 25-30), dónde Jesús dice: “Tengo sed”. No sed de agua, sino de amor y de almas. Esto se comprende claramente leyendo el Evangelio de la samaritana. El segundo pasaje está tomado del Evangelio de san Mateo (25, 31- 46): “Lo que hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”.

 

¿Qué significaba para la M. Teresa ser mujer, madre, religiosa y misionera?

Significaba irradiar la sencillez, la humildad, la generosidad, la fidelidad y la fecundidad de María, que fue rapidamente a llevar a Jesús a los demás, y permanecer con fuerza y compasión en el Calvario de este mundo, ofreciendo el servicio a Jesús que sufre come Ella en el Calvario.

 

¿Qué relación tenía la M. Teresa con sus hijas, las misioneras de la Caridad ?

Era una madre atenta. Cuando una hermana llegaba de lejos, se preocupaba que comiese, a veces era ella misma quien iba a la cocina a prepararle algo. La he visto también dejar su propia cama a quien estaba inferma. Cuando una hermana se encontraba en dificultad, la llamaba a la Casa Madre para estar cerca de ella y asegurarle la ayuda necesaria. La Madre solía decir: “Dios ha amado tanto al mundo que le ha dado a su Hijo Único”  añadiendo: “El ha amado tanto a los pobres que les ha enviado a las Misioneras de la Caridad. La caridad no es sólo amor humano, sino amor desinteresado, que participa al don de Dios hacia cada persona, un amor que todos son capaces de entender”.

Nosotras no somos, por tanto, asistentes sociales, pues nuestro apostolado es el fruto de nuestra unión con Cristo. Somos contemplativas en la acción. Nuestra obra es el medio con el que realizamos nuestro amor por Cristo.

 

Ustedes hacen cuatro votos: castidad, pobreza, obediencia y servicio gratis y de todo corazón a los más Pobres de entre los Pobres. ¿Cómo explicaba la M. Teresa la necesidad de los votos?

Estos cuatro votos – explicaba la Madre – nos permiten amar a Jesús con corazón indiviso en castidad, con la libertad de la pobreza, en el abbandono total a la obediencia y en el servicio gratis y de todo corazón a El, desfigurado en los más pobres de los pobres. Es así como realizamos nuestro fin: saciar la infinita sed de amor y de almas de Jesucristo en la Cruz.

 

¿Puede explicar cómo entendía la pobreza la M. Teresa?

En su relación con Dios, era la humilde conciencia y aceptación de nuestro pecado, el reconocerse necesitada de El, la disponibilidad para recibirlo todo de El. La pobreza tenía que ser la misma de Jesús crucificado, expropiado de si y de todo por nosotros, aquella auténticamente evangélica que se comunica también con la humildad, la amabilidad en la mirada, en la sonrisa y en el calor del saludo.

 

¿Qué suscitaba en el corazón de las personas el encuentro con la Madre?

Las personas que se encontraban con ella, experimentando su bondad, la cercanía a Dios y la humildad, se convertían en mejores. He visto hombres importantes conmoverse hasta llorar en su presencia; a otros, ofrecer generosamente su ayuda material y económica; a muchos cambiar estilo de vida y ponerse al servicio de los pobres; algunos han decidido ser colaboradores de por vida.

 

¿Puede contarnos algo de la amistad entre la M. Teresa y Juan Pablo II?

Su unión con Juan Pablo II se expresaba en el celo y en el profundo respeto con que intentaba escuchar y responder a la voluntad de Dios a través de sus consejos, obedeciendo a las peticiones y aceptando las misiones que él le confiaba. Entre los dos existía una profunda comunión espiritual que se manifestaba en una amistad afectuosa, basada en la íntima unión con Dios y en el servicio a Sus hijos.

 

El 19 de octubre de 2003 Juan Pablo II la proclamó beata. Esperamos ahora su canonización: ¿qué significaba para la Madre ser santos?

Permitir a Jesús vivir su Vida en ella; dar lo que Dios toma y recibir lo que El dona, con una amplia sonrisa. Enseñaba el secreto de la santidad sirviéndose de los cinco dedos de la mano. Sobre cada dedo de una mano escribía : “quiero, deseo, con la gracia de Dios, ser, santo; y sobre los de la otra mano: lo, habéis, hecho, a, mi. Unid las manos y seréis santos. La santidad depende de nuestro deseo, de nuestra determinación, y de la absoluta confianza en la gracia de Dios”.

 

¿Cuál fue la relación entre la M. Teresa y los jóvenes?

La M. Teresa se encontraba muy a gusto con los jóvenes, y estos con ella. Muchísimos de ellos venían de todas las partes del mundo para hacer voluntariado. Les animaba a profundizar en la fe y a participar en los momentos de oración con las hermanas. Les ayudaba a descubrir pobres en sus familias y en el vecindario. Era también capaz de discernir quién tenía vocación religiosa, animándolo a “Venid a ver”. Decía con una sonrisa amistosa: “Ven a ver y quédate”.

 

¿Cuál fue la cooperación de la M. Teresa al diálogo interreligioso?

Su amor a Dios y a sus hermanos era el origen y el centro del diálogo interreligioso. Su mensaje era este: “Si eres musulmán, sé un buen musulmán, si eres indú, sé un buen indú, etc”. En 1975 fue emocionante su deseo de pedir a los miembros de las diferentes confesiones religiosas que se unieran a ella en la acción de gracias por el 25 aniversario de la Congregación, que se celebraba ese mismo año. Para ello iba a rezar también en sus lugares de culto. Para el 50 aniversario, cuando ya estaba enferma, fueron a rezar con la Madre muchísimas personas en señal de agradecimiento. Desde que murió, el 10 de septiembre de cada año tenemos momentos de oración interreligioso ante su tumba.

 

Sor Nirmala Maria, Usted ha estado cerca de la M. Teresa en los últimos años de su vida, ¿puede contarnos como se preparó a la muerte?

Hablaba siempre de la muerte como de la vuelta a la casa de Dios Padre. Nunca noté en ella miedo a la muerte. Murió así como había vivido: trabajando por Dios hasta el último momento. Amaba la vida y era consciente del valor de cada momento para amar y ser amados, y para “conquistar” almas para Dios.

 

Estamos en el mes mariano, ¿puede decirnos algo de la devoción de la M. Teresa por María, Madre nuestra?

La M. Teresa afirmaba que la Congregación ha nacido por intercesión de la Virgen y que, por lo tanto, es suya: nuestro deber es rezar para que la Congregación pueda ser lo que Ella ha deseado en su Corazón Inmaculado desde el inicio y que ha querido dentro de la Iglesia. María ha sido la primera Misionera de la Caridad: portadora del amor de Dios. Todas nosotras estamos consagradas a su Corazón Inmaculado. La Madre nos recordaba: “Recurrid a Ella para obtener ayuda cuando la obra en bien de las almas es ardua. Ella nos obtendrá la fuerza de abrir a Jesús los corazones que están aún cerrados”.

 

¿Cuál es la herencia de la M. Teresa?

Ante todo ha dejado un ejemplo de cómo ser santos. Ha sido un modelo vivo de Esposa de Jesús crucificado, una auténtica Misionera de la Caridad. Todo nos ha sido transmitido a través de nuestra Regla y de las Constituciones, de sus enseñanzas, escritos, a través del testimonio de quien ha vivido con ella y de quien la ha conocido. Mucho se ha escrito sobre ella, como está documentado en la Postulación. La Madre y su mensaje tienen que descubrirse aún con más profundidad. Su herencia es un tesoro al que acudir en los años venideros.

Domitia Caramazza

«Que Juan Pablo II fue un santo lo tuve cada vez más claro al colaborar con él», dice Benedicto XVI

cropped-papa_75ea771f.jpgEl periodista polaco Wlodzimierz Redzioch ha sido el primero en entrevistar con detalle a Benedicto XVI desde que es papa emérito. El motivo fue conocer mejor a la figura de Juan Pablo II para elaborar un libro titulado “Junto a Juan Pablo II. Hablan los amigos y colaboradores”, que recoge 21 entrevistas a personas cercanas al Pontífice polaco, la primera de ellas la de Joseph Ratzinger. Esta Semana Santa el diario La Razón ha publicado lo que el Papa emérito explicaba sobre su predecesor en esa entrevista. 

-Santidad, los nombres de Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger están vinculados, por varios motivos, con el Concilio Vaticano II. ¿Se conocieron durante el Concilio?
-El primer encuentro consciente entre el cardenal Wojtyla y yo tuvo lugar solamente en el Cónclave en el que fue elegido el Papa Juan Pablo I. Durante el Concilio, habíamos colaborado los dos en la Constitución sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, pero en secciones diversas, de modo que no nos encontramos. 

»En septiembre de 1978, con ocasión de la visita de los obispos polacos a Alemania, yo estaba en Ecuador como representante personal de Juan Pablo I. La Iglesia de Munich y Frisinga está vinculada con la Iglesia ecuatoriana por una fraternidad llevada a cabo por el arzobispo Echevarría Ruiz (Guayaquil) y el cardenal Döpfner. Y así, con enorme disgusto, perdí la ocasión de conocer personalmente al arzobispo de Cracovia. Naturalmente había oído hablar de su obra de filósofo y de pastor, y desde hace tiempo deseaba conocerle.

»Wojtyla por su parte había leído mi Introducción al cristianismoque había también citado en los Ejercicios Espirituales predicados por él a Pablo VI y a la Curia en la Cuaresma de 1976. Por ello es como si interiormente los dos hubiéramos estado esperando encontrarnos. Experimenté desde el principio una gran veneración y una cordial simpatía por el metropolitano de Cracovia. En el pre-cónclave de 1978 él analizó para nosotros en modo sorprendente la naturaleza del marxismo. Pero sobre todo percibí enseguida con fuerza la fascinación humana que él despertaba y, de cómo rezaba, advertí cuán unido a Dios estaba.

-¿Qué experimentó cuando el santo Padre Juan Pablo II le ha llamó para confiarle la guía de la Congregación para la Doctrina de la fe?
-Juan Pablo II me llamó en 1979 para nombrarme prefecto de la Congregación para la Educación Católica.

»Habían transcurrido apenas dos años desde mi consagración episcopal en Munich y me parecía imposible dejar tan rápido la sede de san Corbiniano. La consagración episcopal representaba de alguna manera una promesa de fidelidad hacia mi diócesis de pertenencia. Pedí por ello al Papa que no hiciera ese nombramiento; y él llamó para ese encargo al cardenal Baum de Washington, preanunciándome, con todo, desde aquel momento, que enseguida me llamaría para otro encargo. Fue en el curso del año 1980 cuando me dijo que me quería nombrar, a finales de 1981, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, como sucesor del cardenal Šeper.

»Dado que continuaba sintiéndome obligado ante mi diócesis de pertenencia, para la aceptación del encargo me permití poner una condición, que por lo demás consideraba irrealizable. Dije que sentía el deber de continuar publicando trabajos teológicos. Podría responder afirmativamente sólo si esto fuera compatible con la tarea de prefecto. El Papa, que conmigo era siempre muy benévolo y comprensivo, me dijo que se informaría sobre esa cuestión para hacerse una idea. Cuando más tarde le hice una visita, me explicó que las publicaciones teológicas son compatibles con el oficio de prefecto; también el cardenal Garrone, dijo, había publicado trabajos teológicos cuando era prefecto de la Congregación para la Educación Católica.

»Así que acepté el encargo, bien consciente de la gravedad de la tarea, pero sabiendo también que la obediencia al Papa exigía ahora de mí un «sí».

-¿Podría decirnos cómo se desarrollaba la colaboración entre ustedes?
– La colaboración con el santo Padre estuvo siempre caracterizada por la amistad y el afecto. Ésta se desarrolló sobre todo en dos planos: el oficial y el privado.

»El Papa cada viernes, a las seis de la tarde, recibía en audiencia al prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que sometía a su decisión los problemas aparecidos. Tenían naturalmente prioridad los problemas doctrinales, a los que se añadían cuestiones de tipo disciplinar (la reducción al estado laical de sacerdotes que hacen una petición, la concesión del privilegio paulino para aquellos matrimonios en los que uno de los dos cónyuges no es cristiano, y otras cuestiones). Enseguida se añadió también el trabajo en vía de elaboración del Catecismo de la Iglesia Católica.

»Algunas veces, el santo Padre recibía con tiempo la documentación esencial y por tanto conocía anticipadamente las cuestiones de las que iba a tratar. De este modo, sobre problemas teológicos hemos podido siempre conversar fructuosamente. El Papa era muy versado en literatura alemana contemporánea y era siempre hermoso (para los dos) buscar juntos la decisión justa sobre todas estas cosas.

»Junto a las verdaderas y específicas citas oficiales, había diversos tipos de encuentros semioficiales o no oficiales.

»Llamaría semioficiales a las audiencias en las que, por diversos años, cada martes por la mañana, se trataban las catequesis del miércoles con grupos compuestos cada vez en modo diverso. Por medio de las catequesis, el Papa había decidido ofrecer con el tiempo un catecismo. Él indicaba los temas y hacía preparar breves consideraciones preliminares para desarrollar luego. Dado que estaban siempre presentes representantes de diversas disciplinas, esas conversaciones eran siempre muy hermosas e instructivas; las recuerdo con gusto. También aquí emergía la competencia teológica del Papa. Pero al mismo tiempo, yo admiraba su disponibilidad a aprender.

»En fin, era costumbre del Papa, invitar a comer a los obispos en visita ad limina, como también a grupos de obispos y sacerdotes de diversa composición, según la circunstancia. Eran casi siempre «comidas de trabajo» en las cuales a menudo se proponía un tema teológico.

»En los primeros tiempos hubo toda una serie de comidas en las que se discutía paso a paso el nuevo Código. Era una versión semi-definitiva sobre la que trabajábamos durante esas comidas, elaborando de este modo la redacción final. Más tarde, se discutieron los temas más variados.

»El gran número de presentes hacía siempre variada la conversación y de amplios vuelos. Y, sin embargo, había siempre un puesto para el buen humor. El Papa reía con gusto y así aquellas comidas de trabajo, a pesar de la seriedad que se imponía, eran de hecho también ocasiones para estar en gozosa compañía.

-¿Cuáles han sido los desafíos doctrinales que han afrontado juntos durante su mandato al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe?
-El primer gran desafío que afrontamos fue la Teología de la Liberación que se estaba difundiendo en América Latina. Tanto en Europa como en América del Norte era opinión común que se trataba de un apoyo a los pobres y por tanto de una causa que se debía aprobar sin más. Pero era un error. 

»La pobreza y los pobres eran sin duda tematizados por la Teología de la liberación pero con una perspectiva muy específica. Las formas de ayuda inmediata a los pobres y las reformas que mejoraban la condición venían condenadas como reformismo que tiene el efecto de consolidar el sistema: provocaban, se decía, rabia e indignación que, con todo, eran necesarias para la transformación revolucionaria del sistema. 

»No era cuestión de ayudas y de reformas, se decía, sino de la gran revuelta, de la que debía salir un mundo nuevo. La fe cristiana era usada como motor para este movimiento revolucionario, transformándola así en una fuerza de tipo político. Las tradiciones religiosas de la fe eran puestas al servicio de la acción política. 

»De este modo, la fe era profundamente alienada de sí misma y se debilitaba así también el verdadero amor por los pobres. Naturalmente, estas ideas se presentaban con diversas variantes y no siempre se asomaban con absoluta nitidez, pero, en el conjunto, esta era la dirección. 

»A una tal falsificación de la fe cristiana era necesario oponerse también precisamente por amor de los pobres y en favor del servicio a ellos. Sobre la base de las experiencias hechas en su patria polaca, Juan Pablo II nos facilitó las reflexiones fundamentales. Por una parte, él había vivido la esclavitud operada por esa ideología marxista que hacía de madrina de la Teología de la Liberación. 

»Sobre la base de su dolorosa experiencia, le resultaba claro que era necesario contrastar ese tipo de «liberación». Por otra parte, precisamente la situación de su patria le había mostrado que la Iglesia debe verdaderamente actuar para la libertad y la liberación no en modo político, sino despertando en los hombres, a través de la fe, las fuerzas de la auténtica liberación. 

»El Papa nos guió para tratar los dos aspectos: por un lado, desenmascarar una falsa idea de liberación, por otro, exponer la auténtica vocación de la Iglesia a la liberación del hombre. Esto es lo que hemos tratado de decir en las dos Instrucciones sobre la Teología de la liberación que están al principio de mi trabajo en la Congregación para la Doctrina de la Fe.

»Uno de los principales problemas de nuestro trabajo, en los años en los que fui Prefecto, era el esfuerzo por llegar a una correcta comprensión del ecumenismo.

»También en este caso se trata de una cuestión que tiene un doble perfil: por un lado, se debe afirmar con toda urgencia la tarea de actuar a favor de la unidad y se deben abrir caminos que conduzcan a ella; por otro, es necesario rechazar falsas concepciones de la unidad, que querrían alcanzar la unidad de la fe a través del atajo de la disolución de la fe.

»Han nacido en este contexto los documentos sobre varios aspectos del ecumenismo. Entre ellos, el que suscitó las mayores reacciones fue la declaración Dominus Jesusdel 2000, que resumió los elementos irrenunciables de la fe católica. 

»Por último, nos hemos ocupado también de la cuestión relativa a la naturaleza y a la tarea de la teología en nuestro tiempo. Cientificidad y vinculación con la Iglesia les parecen hoy a muchos elementos en contradicción. Y, sin embargo, la teología puede subsistir únicamente en la Iglesia y con la Iglesia. Sobre esta cuestión hemos publicado una Instrucción. 

»El diálogo entre las religiones es y sigue siendo un tema central; sobre él, sin embargo, hemos podido publicar sólo algunos textos más bien breves. Hemos tratado de acercarnos a la cuestión con prudencia, sobre todo a través del diálogo con los teólogos y las conferencias episcopales. Importante fue sobre todo el encuentro con las comisiones doctrinales de las Conferencias Episcopales de los países asiáticos en Hong Kong.

-Entre las muchas encíclicas de Juan Pablo II, ¿cuál considera la más importante?
-Pienso que son tres las encíclicas de particular importancia. En primer lugar, querría mencionar la «Redemptor hominis», la primera encíclica del Papa, en la que él ofreció su síntesis personal de la fe cristiana.

»Este texto es una especie de compendio de su personal confrontación y encuentro con la fe y presenta así una visión completa de la lógica del cristianismo.

»Como respuesta a la pregunta sobre cómo se puede ser cristiano hoy y creer como católico, este texto totalmente personal y a la vez totalmente eclesial puede ser de gran ayuda a todos aquellos que están buscando.

»En segundo lugar, querría mencionar la encíclica «Redemptoris missio». Se trata de un texto que pone de manifiesto la importancia permanente de la tarea misionera de la Iglesia, deteniéndose particularmente en las cuestiones que se plantean a la cristiandad en Asia y que ocupan a la teología en el mundo occidental.

»Se examina la relación entre el diálogo de las religiones y la tarea misionera y se muestra por qué, también hoy, es importante anunciar la Buena Nueva de Cristo, el Redentor de todos los hombres, a los hombres de todo lugar de la tierra y de toda cultura.

»En tercer lugar, querría citar la encíclica sobre los problemas morales, «Veritatis splendor». Ha precisado de largos años de maduración y sigue siendo de permanente actualidad. La Constitución del Vaticano II sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, frente a la orientación de la época, prevalentemente iusnaturalista de la teología moral, quería que la doctrina moral católica sobre la figura de Jesús y su mensaje tuviera un fundamento bíblico. Esto se intentó a través de las referencias bíblicas sólo durante un breve periodo, luego se fue afirmando la opinión de que la Biblia no tenía una moral propia que anunciar, sino que se remitía a los modelos morales válidos según la ocasión. La moral es cuestión de la razón, se decía, no de la fe.

»Desapareció así, por una parte, la moral entendida en sentido iusnaturalista, pero en su lugar no se afirmó ninguna concepción cristiana. Y dado que no se podía reconocer ni un fundamento metafísico ni uno cristológico de la moral, se recurrió a soluciones pragmáticas: una moral fundada sobre el principio del equilibrio de bienes, en la cual no existe ya lo que está verdaderamente mal o lo que está verdaderamente bien, sino sólo aquello que, desde el punto de vista de la eficacia, es mejor o peor.

»La gran tarea que el Papa tuvo en esta encíclica fue la de recuperar nuevamente un fundamento metafísico en la antropología, como también una concreción cristiana en la nueva imagen del hombre de la Sagrada Escritura.

»Estudiar y asimilar esta encíclica sigue siendo un gran e importante deber.

»De gran significado es también la encíclica «Fides et ratio», en la que el Papa se esfuerza por ofrecer una nueva visión de la relación entre fe cristiana y razón filosófica. Por último es absolutamente necesario mencionar la «Evangelium Vitae», que desarrolla uno de los temas fundamentales de todo el pontificado de Juan Pablo II: la dignidad intangible de la vida humana, desde el momento mismo de la concepción.

-¿Cuáles eran las características sobresalientes de la espiritualidad de Juan Pablo II?
-La espiritualidad del Papa estaba caracterizada sobre todo por la intensidad de su oración y por tanto estaba profundamente arraigada en la celebración de la Santa Eucaristía y era practicada junto con toda la Iglesia mediante el rezo del Breviario. 

»En su libro autobiográfico «Don y misterio» es posible ver cómo el sacramento del sacerdocio determinó su vida y su pensamiento. Así, su devoción no podía nunca ser puramente individual, sino que estaba siempre también llena de solicitud por la Iglesia y por los hombres. La tarea de llevar a Cristo a los demás estaba arraigada en el centro de su piedad. 

»Todos nosotros hemos conocido su gran amor por la Madre de Dios. Donarse del todo a María significó ser, con ella, totalmente para el Señor. Así como María no vivió para sí misma sino para Él, del mismo modo, él aprendió de ella y del estar con ella una completa y rápida dedicación a Cristo.

-Ha abierto el iter para la beatificación antes de los tiempos establecidos por el Derecho Canónico. ¿Desde cuándo y cómo se ha convencido de la santidad de Juan Pablo II?
Que Juan Pablo II fuera un santo, en los años de la colaboración con él me ha sido continuamente cada vez más claro. Hay que tener en cuenta ante todo naturalmente su intensa relación con Dios, ese estar inmerso en la comunión con el Señor del que acabo de hablar. De aquí venía su alegría en medio de las grandes fatigas que tenía que soportar, y la valentía con la que asumió su tarea en un tiempo realmente difícil. 

»Juan Pablo II no pedía aplausos, ni ha mirado nunca alrededor preocupado por cómo eran acogidas sus decisiones. Él ha actuado a partir de su fe y de sus conviccionesy estaba también dispuesto a sufrir golpes. La valentía de la verdad es, a mi modo de ver, un criterio de primer orden de la santidad. Sólo a partir de su relación con Dios es posible entender también su indefectible empeño pastoral.

»Su empeño fue infatigable, y no sólo en los grandes viajes, cuyos programas estaban llenos de citas, desde el comienzo hasta el fin, sino también día a día, desde la misa de la mañana hasta las altas horas de la noche.

»Durante la primera visita a Alemania (1980), tuve por primera vez una experiencia muy concreta de este empeño enorme. Para su estancia en Múnich, decidí que debía tener un descanso más largo a mediodía. Durante la pausa me llamó a su habitación. Lo encontré mientras rezaba el Breviario y le dije: «Santo Padre, usted debería descansar»; y él: «Podré hacerlo en el cielo».

»Sólo quien está profundamente lleno de la urgencia de su misión puede actuar así. Pero debo honrar también su extraordinaria bondad y comprensión. A menudo habría tenido motivos suficientes para criticarme o poner fin a mi tarea de Prefecto. Y sin embargo me sostuvo con una fidelidad y una bondad absolutamente incomprensible.

»Querría poner un ejemplo. Frente al torbellino que se había desatado por la declaración Dominus Jesus, me dijo que en el Angelus quería defender inequívocamente el documento. Me invitó a escribir un texto para el Angelus que fuera estanco y no permitiera ninguna interpretación diversa. Tenía que emerger de forma inequívoca que él aprobaba el documento. 

»Preparé por tanto un breve discurso; no pretendía, sin embargo, ser demasiado brusco y por ello traté de expresarme con claridad pero sin dureza. Después de leerlo, me dijo : «¿Es de verdad suficientemente claro?». Yo respondí que sí. Quien conoce a los teólogos no se sorprenderá por el hecho de que hubo quien sostuvo que el Papa había prudentemente tomado distancia de la «Dominus Jesus».

-¿Qué experimenta hoy que la Iglesia reconoce la santidad de «su» Papa, Juan Pablo II, del que ha sido un estrecho colaborador?
-Mi recuerdo de Juan Pablo II está lleno de gratitud. No podía y no debía intentar imitarle, pero he tratado de seguir llevando adelante su herencia y su tarea lo mejor que he podido.

Fuente: http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=35143

Santos Cirilo y Metodio, patronos de Europa

Los hermanos Cirilo y Metodio, griegos, nacidos en Tesalónica, ciudad en la que vivió y trabajó San Pablo, mantuvieron, desde el comienzo de su vocación, estrechas relaciones culturales y espirituales con la Iglesia patriarcal de Constantinopla, floreciente a la sazón por su cultura y su actividad misionera, en cuya escuela se educaron [4]. Ambos habían elegido el estado monacal, y unieron los deberes de la vocación religiosa con el servicio misionero, del cual dieron un primer testimonio en la evangelización de los cátaros de Crimea. Sin embargo, su principal obra evangelizadora fue la misión en la Gran Moravia, entre los pueblos que habitaban por aquel entonces la península balcánica y las tierras regadas por el Danubio. Esta acción, emprendida por petición del Príncipe Roscislaw de Moravia, fue presentada al Emperador y a la Iglesia de Constantinopla. Con el fin de dar una respuesta a las necesidades de su servicio apostólico entre los pueblos eslavos, tradujeron a su lengua los Libros Sagrados con una finalidad litúrgica y catequética. De este modo, sentaron las bases de toda la literatura en la lengua de estos pueblos. Por esta razón, son considerados no sólo apóstoles de los eslavos, sino también padres de la cultura de todos estos pueblos y de todas estas naciones, para quienes los primeros escritos de lengua eslava siguen constituyendo el punto de referencia fundamental en la historia de su literatura.

Cirilo y Metodio desarrollaron su servicio misionero en unión tanto con la Iglesia de Constantinopla, por la que habían sido enviados, como con la Sede Romana de Pedro, por la cual fueron confirmados. De este modo, manifestaban la unidad de la Iglesia, que, durante el período de su vida y de su actividad, no padecía la desgracia de la división entre Oriente y Occidente, no obstante las tensiones que, por aquel tiempo, caracterizaron las relaciones entre Roma y Constantinopla.

En Roma, Cirilo y Metodio fueron recibidos con honor por el Papa y la Iglesia romana, que aprobó y apoyó toda su obra apostólica y su innovación de introducir la lengua eslava en la sagrada liturgia, innovación que no era bien acogida en algunos ambientes occidentales. Precisamente en Roma murió Cirilo el 14 de febrero del año 869, y fue sepultado en la iglesia de San Clemente. El Papa consagró a Metodio arzobispo de la antigua sede de Sirmio (Sirijem) y lo envió a Moravia para que continuase allí su providencial obra apostólica, que llevó adelante con celo y valentía junto con sus discípulos y entre su pueblo hasta el fin de sus días (6 de abril del año 885).

(Beato Juan Pablo Magno, Carta Apostólica Egregiae Virtutis, 31 de diciembre de 1980)

Dimensión “cristiforme” de la vida consagrada

El fundamento evangélico de la vida consagrada se debe buscar en la especial relación que Jesús, en su vida terrena, estableció con algunos de sus discípulos, invitándoles no sólo a acoger el Reino de Dios en la propia vida, sino a poner la propia existencia al servicio de esta causa, dejando todo e imitando de cerca su forma de vida.

Tal existencia « cristiforme », propuesta a tantos bautizados a lo largo de la historia, es posible sólo desde una especial vocación y gracias a un don peculiar del Espíritu. En efecto, en ella la consagración bautismal los lleva a una respuesta radical en el seguimiento de Cristo mediante la adopción de los consejos evangélicos, el primero y esencial entre ellos es el vínculo sagrado de la castidad por el Reino de los Cielos.

Este especial « seguimiento de Cristo », en cuyo origen está siempre la iniciativa del Padre, tiene pues una connotación esencialmente cristológica y pneumatológica, manifestando así de modo particularmente vivo el carácter trinitario de la vida cristiana, de la que anticipa de alguna manera la realización escatológica a la que tiende toda la Iglesia.

(Beato Juan Pablo Magno, Exhortación Apostólica Vida Consagrada, nº 14)

El Papa que venció al Comunismo

En España se presenta el documental “El Misterio de Juan Pablo II: de Fátima al fin del comunismo”. Les ofrecemos el tráiler: ¡Imperdible!

¿No soy tu Madre?, ¿No estás bajo mi sombra?

“Oye y ten entendido hijo mío el mas pequeño, que es nada lo que te asusta y aflije; no se turbe tu corazón; no temas esa enfermedad, ni otra alguna enfermedad y angustia. ¿No estoy yo aquí?, ¿No soy tu Madre?, ¿No estás bajo mi sombra?, ¿No soy yo tu salud?, ¿No estás por ventura en mi regazo?, ¿Qué mas has menester?” (La Virgen de Guadalupe a Juan Diego)

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“¡Salve, María! Pronuncio con inmenso amor y reverencia estas palabras, tan sencillas y a la vez tan maravillosas. Nadie podrá saludarte nunca de un modo más estupendo que como lo hizo un día el Arcángel en el momento de la Anunciación. Ave Maria, gratia plena, Dominus tecum. Repito estas palabras que tantos corazones guardar y tantos labios pronuncian en todo el mundo. Nosotros aquí presentes les repetimos juntos, conscientes de que éstas son les palabras con les que Dios mismo, a través de su mensajero, ha saludado a Ti, la Mujer prometida en el Edén, y desde la eternidad elegida como Madre del Verbo, Madre de la divina Sabiduría, Madre del Hijo de Dios. ¡Salve, Madre de Dios! (…)

Desde que el indio Juan Diego hablara de la dulce Señora del Tepeyac, Tú, Madre de Guadalupe, entras de modo determinante en la vida cristiana del pueblo de México. No menor ha sido tu presencia en otras partes, donde tus hijos te invocan con tiernos nombres, como Nuestra Señora de la Altagracia, de la Aparecida, de Luján y tantos otros no menos entrañables, para no hacer una lista interminable, con los que en cada nación y aun en cada zona los pueblos latinoamericanos te expresan su devoción más profunda y Tú les proteges en su peregrinar de fe. (…)

¡Oh Madre! Despierta en las jóvenes generaciones la disponibilidad al exclusivo servicio a Dios. Implora para nosotros abundantes vocaciones locales al sacerdocio y a la vida consagrada. (…)

¡Reina de los Apóstoles! Acepta nuestra prontitud a servir sin reserva la causa de tu Hijo, la causa del Evangelio y la causa de la paz, basada sobre la justicia y el amor entre los hombres y entre los pueblos”.

 (Juan Pablo II, Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, México, 27 de enero de 1979)

12 de diciembre, Día de Nuestra Señora de Guadalupe