“La tierra ha visto a su Salvador”

jpii

“La tierra ha visto a su Salvador”
Hoy, Navidad del Señor, vivimos profundamente
la verdad de estas palabras: la tierra ha visto a su Salvador.
Lo han visto en primer lugar los pastores de Belén
que, al anuncio de los ángeles,
se apresuraron con alegría hacia la pobre gruta.
Era de noche, noche llena de misterio.
¿Qué vieron sus ojos?
Un Niño acostado en un pesebre,
con María y José solícitos a su lado.
Vieron un niño pero, iluminados por la fe,
en aquella frágil criatura reconocieron a Dios hecho hombre,
y le ofrecieron sus pobres dones.
Iniciaron así, sin darse cuente,
aquel canto de alabanza al Emmanuel,
Dios venido a habitar entre nosotros,
que se extendería de generación en generación.
Cántico alegre, que es patrimonio de cuantos, hoy,
se dirigen espiritualmente a Belén,
para celebrar el nacimiento del Señor,
y alaban a Dios por las maravillas que ha realizado.
También nosotros nos unimos con fe
a este singular encuentro de alabanza
que, según la tradición, se renueva cada año en Navidad,
aquí, en la Plaza San Pedro, y que concluye con la bendición
que el Obispo de Roma imparte Urbi et Orbi:

Urbi, es decir, a esta Ciudad que, gracias al ministerio
de los santos Pedro y Pablo,
ha “visto” de manera singular
al Salvador del mundo.

Et Orbi, es decir, al mundo entero,
en el que se ha difundido ampliamente
la Buena Nueva de la salvación,
que ha llegado ya hasta los confines extremos de la tierra.
La alegría de Navidad ha llegado a ser así
patrimonio de innumerables pueblos y naciones.
En verdad, “los confines de la tierra
han contemplado la victoria de nuestro Dios” (Sal 97/98,3)

(Beato Juan Pablo II, Mensaje Urbi et Orbi, Navidad, 1997)